Entrevista con Tania Gallaga (primera parte)


El pasado martes 16 de enero, alrededor de las 9 de la mañana, una máquina retroexcavadora de la empresa Constellation Brands comenzó a cavar la zanja por donde pasará el acueducto que llevará agua para producir cerveza de exportación. Integrantes de Mexicali Resiste y de otras organizaciones de la sociedad civil de Baja California lanzaron piedras y tierra a la maquinaria, como un acto simbólico de rechazo a la construcción de la fábrica.

Estas acciones desataron el enfrentamiento entre activistas y policías dentro del Rancho Mena, que dejó un saldo de al menos diez personas heridas y cinco detenidas. No se debe perder de vista que detrás de todo esto está el abuso de poder y el despojo que tendrá consecuencias sociales muy graves para la población, debido a que el gobierno de dicha entidad está privilegiando los intereses de una empresa transnacional, por encima de los derechos de sus habitantes. En otras palabras, está facilitando a la empresa extranjera el uso y aprovechamiento del agua, sin importarle que es un recurso escaso, en un valle que está en medio del desierto.

El choque entre la fuerza pública y la resistencia civil fue documentado por los medios locales y nacionales. Entre el material gráfico hubo una fotografía dio la vuelta al mundo y que aquí reproducimos. Se trata de Tania Gallaga, una chica con quien esta tecleadora coincidió hace un par de años en Guadalajara, en el marco del primer aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Aquí compartimos la primera de dos entregas de una entrevista para NÚMERO CERO que busca contribuir a la difusión de la resistencia al despojo y reconocer el valor que entraña la defensa de la vida.

Tania, ¿cómo comenzó tu historia como luchadora social, activista y feminista?

¿Cómo comencé…? Recuerdo que fue en la preparatoria, después de que nuestros profesores nos pidieron sumarnos a una huelga para exigir un aumento salarial. Así empecé a interesarme por estos conceptos: huelga, trabajo, salario, gobierno ratero… y comencé a investigarlos. Después intentamos hacer una sociedad de alumnos en la preparatoria y luego vino un mayor interés por las cosas que pasan en el país. Tengo 26 años. Me tocó el primer fraude electoral con López Obrador y lo mismo el siguiente sexenio. Entonces participé en el movimiento de Yo soy 132 de Guadalajara (estudié allá la universidad) y de Mexicali. También me interesé en la cuestión de los feminicidios en Mexicali y esto me llevó a organizarme con otras compañeras con las que formé un colectivo que ya tiene 3 años. Luego me sumé al movimiento por Ayotzinapa y ahora a Mexicali Resiste.

El asunto feminista fue porque teníamos particular interés en las consecuencias de la contaminación ambiental. Mexicali es una ciudad industrial, una de las primeras fuentes de ingreso es la maquila. Nos interesamos también por la lucha de las mujeres jornaleras de San Quintín. Buscamos términos relacionados con lo que estamos haciendo y encontramos el concepto de ecofeminismo[1] que tiene que ver con todo esto.

Nos hemos estado preparando por lo que ha pasado en Mexicali. A finales del 2015, el gobierno de Kiko Vega anunció la Ley Estatal de Aguas que fue aprobada en diciembre. Nosotras ya estábamos centradas en el tema de la defensa del agua y del cuerpo (como mujeres). Tratamos de alertar a la ciudadanía sobre las consecuencias de esa ley, empezamos a investigar con abogados y así nos dimos cuenta que no éramos las únicas que estábamos trabajando, que había varios colectivos y que era algo urgente. Entonces creamos un frente para abrogar esa ley. Al iniciar el año esto se juntó con las convocatorias nacionales contra el gasolinazo, la instalación de la cervecería y el aumento a las placas (el reemplacamiento). Fue golpe tras golpe, tras golpe del gobierno. ¡Y la gente se animó bastante! Se hicieron marchas de hasta de 80 mil personas. ¡Lo que nunca se había visto acá! Después de eso hicimos plantones en los edificios de gobierno (en la Plaza de los tres Poderes). El 12 de enero comenzamos los bloqueos en la Casa Municipal y en el Congreso del estado.

La primera consigna fue que no desbloquearíamos, que no permitiríamos el paso de nadie a las instalaciones hasta que se abrogara la Ley Estatal de Aguas. A nivel nacional fuimos el primer estado que logró algo así a través de estas formas de demandar. Las manifestaciones y las marchas sirvieron también para informar a la gente de la instalación de la cervecería. Aprovechamos que la gente ya estaba interesada en el tema del agua y empezamos a exigir que no se construyera esa empresa que a través de pozos quiere llevarse el agua de los mantos acuíferos… ¡20 millones de metros cúbicos anuales… y los mantos ya están sobre explotados!

Entonces buscamos enlazarnos con otros movimientos. A nivel nacional logramos un enlace muy importante con Agua para Todos Agua para la Vida. Ellos nos ayudaron a traer especialistas que participaron en mesas de diálogo con los diputados. A esto se sumó la Ley de Asociaciones Público-Privadas –el gobierno de Kiko Vega trae todo un marco legal para la instalación de empresas de este tipo y para negociar con el agua–. Esa ley permite que se hagan nuevas empresas, privadas y públicas, una combinación, para la prestación de servicios. Bajo esa modalidad se quieren hacer desaladoras con el pretexto de que no hay agua. Las quieren hacer en San Quintín, en Ensenada y otra en Rosarito.

¿Y qué ha hecho Mexicali Resiste ante todo esto?

Al principio intentamos prepararnos lo más posible para debatir con los diputados en las mesas de diálogo. Las organizaciones nacionales nos apoyaron mandando documentos. Mis compañeros los estudiaron y hablaron; yo casi no me animaba a participar en diálogos públicos. En lo que sí participé fue en los círculos de estudio que hicimos en los campamentos, en los bloqueos que se hicieron afuera de las oficinas de gobierno. Los usamos como espacios de organización y ahí estamos todavía. Hablamos sobre la Ley de Asociaciones Público-Privadas, sobre la forma en la que va explotar el agua la cervecería, de las consecuencias de las desaladoras en Baja California, de que toda esa agua va para San Diego, para California.

En todo eso nos hemos venido preparando en los campamentos. Porque apenas nos damos cuenta de una cosa y ¡tómala! viene otra de parte del gobierno del estado. Sí ha sido bastante difícil y más, porque realmente nadie de nosotros tiene un estudio formal en cuestiones ambientales. Hemos tratado de aprender y de resolver, porque lo que realmente nos mueve es que creemos que la naturaleza tiene el mismo derecho al consumo de agua que nosotros.

¿El movimiento tiene apoyo internacional?

No tenemos todavía apoyo internacional porque no hemos sabido cómo buscarlo. Sobre todo tenemos apoyo nacional de Agua para Todos Agua para la Vida. Hasta ahora, tras el enfrentamiento, se nos han abierto puertas, más enlaces. (Mañana) vamos a tener un encuentro en San Diego.

¿Y cómo les va con el apoyo de la comunidad?

Sí ha disminuido porque ya ha pasado un año desde las grandes manifestaciones. Pero sí hay mucha respuesta todavía. Ya no de manera presencial como antes, porque la verdad hemos padecido enormemente la cuestión mediática. El gobierno ha invertido muchísimo para desprestigiar el movimiento. Nos vinculan con Morena, nos vinculan con el PRI, con el PT últimamente… La gente tiene mucho recelo de que los movimientos estén relacionados con partidos políticos. Pero nosotros dijimos desde el principio: No queremos a ningún partido político, no son bienvenidos. Este movimiento es apartidista. Sin embargo, toda esta propaganda que hace el gobierno en contra nuestra sí ha afectado porque la presencia de la gente ha mermado. Afortunadamente todavía hay mucha gente que nos apoya y que no tiene nada que ver con el gobierno… es gente de a pie.

¿Qué mensaje tendrían para la gente de Guadalajara?

A me gustaría que viéramos la lucha en defensa del agua como una lucha por la vida. No es cuestión de Baja California. La lucha por el agua es mundial. En muchos lugares toman el agua como una mercancía y la regalan a empresas transnacionales, como en Mexicali a la cervecería Constellation Bands. Me gustaría mucho invitarlos a vernos como hermanas, como hermanos. A todos nos une esta madre tierra. No es “el agua de Baja California”, no. Estamos conectados. Me gustaría que se solidarizaran con nosotros difundiendo el boicot a Constellation Bands. A través de la página de Mexicali Resiste estamos difundiendo las marcas de esta empresa, tanto de vino como de cerveza, que son principalmente de exportación. La producción aquí en Mexicali va a ser para exportar a Estados Unidos. A nuestras familias, a nuestros conocidos y amigos allá, hay que decirles que se memoricen esas marcas, que eviten consumirlas, que digan no: ¡Díganle no! hay otras marcas, cervezas artesanales. ¡Díganle no! porque explotan nuestra agua. Ese sería nuestro mensaje.

[1] El ecofeminismo es un movimiento que ve una conexión entre la explotación y la degradación del mundo natural y la subordinación y la opresión de las mujeres. […] El ecofeminismo une elementos del feminismo y del ecologismo, pero ofrece a la vez un desafío para ambos. Del movimiento verde toma su preocupación por el impacto de las actividades humanas en el mundo […] y del feminismo toma la visión de género de la humanidad, en el sentido que subordina, explota y oprime a las mujeres. Mary Mellor (1997). Feminism & Ecology. New York: New York University Press.

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