Ser mujer desde la izquierda



Petra Santos Ortiz

Pertenezco a la generación del 68, me ha tocado vivir momentos maravillosos de la historia mundial pero principalmente de nuestro México. Siendo todavía una niña que transitaba a la adolescencia, junto a mi padre, participé en el movimiento ferrocarrilero. Pero fue sin duda el movimiento estudiantil el que marcó mi vida y el devenir histórico de México.

Las libertades y los derechos que hoy gozan millones de mujeres en nuestro país fueron sembradas, en el verano de 1968, por miles de jóvenes que salimos a la calle para construir una sociedad más justa, libre e igualitaria. Las mujeres de aquellos años debimos enfrentar infinidad de resistencias de todo tipo, incluso por nuestros compañeros de lucha, para tomar el lugar que siempre ha merecido la mujer y que históricamente siempre se le ha regateado o hasta prohibido.

Parece increíble pero hace apenas 50 años, estudiar una carrera universitaria era reservado en su gran mayoría para los hombres. A nosotras nos tocó abrir brecha, no fue nada fácil, éramos pocas y nos atacaban principalmente otras mujeres que no se atrevieron a luchar por sus derechos.

Después de la brutal matanza del 68, y del Halconazo ordenado por Echeverría, muchas desistieron y se quedaron en sus casas o en los trabajos socialmente, en aquellos años, aceptados para mujeres. Eran los años 70, el régimen priista no estaba dispuesto a perder el poder. Fue una época difícil. Abrirse camino costó mucho esfuerzo de muchas mujeres; batallamos mil veces más para conseguir lo que a los hombres se les concedía sin condiciones.

La crisis del 82 hizo necesario que cientos de miles de mujeres dejaran la casa para trabajar, ya no alcanzaba un solo salario, de pronto en el norte del país las maquiladoras que recién habían llegado se llenaron de trabajadoras. La mano de obra femenina que siempre había existido en pequeña escala de pronto se masifico. Si bien los salarios siempre han sido desiguales y sigue existiendo un trato discriminatorio, las mujeres comenzaron su emancipación económica. Fue a mediados de los ochenta cuando las universidades comenzaron a poblarse de jóvenes que querían incursionar en el mundo profesional. A partir de esa década los cambios se han venido acelerando.

Por mi parte, en el año del 76 me postulé, desde la oposición, para la presidencia municipal de San Luis Río Colorado y gané, pero el Gobierno inició los fraudes electorales. Era de izquierda, era mujer y había derrotado al partido del sistema. Fueron años de mucha represión y violencia, pero nunca me rendí y aquí sigo; hoy como ayer continuo construyendo una mejor Nación para todas y todos. Sin retroceder en mis convicciones y sin renunciar a mis ideales, encabecé diversos movimientos sociales para dotar de vivienda a miles de familias sanluisinas y otros lugares. Logré la abolición del pago de peaje en el puente que cruza el río Colorado y gestione escuelas, y universidades como la UES antes Cesues, escuelas primarias, secundarias, para los hijos de las madres trabajadoras. Siendo legisladora local logré que se aprobara la Ley de Madres Jefas de Familias que garantiza becas para hijos de madres solteras y otros innumerables beneficios. Al mismo tiempo, que mi trabajo social, me dediqué a ser madre y dicen mis hijos que he sido maravillosa y sí lo creo porque la vida me ha dado una familia amorosa.

Aún quedan muchas batallas. Se podría pensar que a mayor desarrollo económico de una sociedad mayor es el grado de libertad que experimentamos las mujeres, muchos intelectuales sostienen esta idea, yo no. Estoy convencida que es la lucha por ampliar el reconocimiento de nuestros derechos como mujeres lo que ha permitido que las sociedades se desarrollen más rápido que otras. Es la participación activa de la mujer en la toma de decisiones, en todos los ámbitos, lo que crea más riqueza, igualdad y bienestar social.

La construcción del México que merecemos pasa por la visión y el trabajo de nosotras las mujeres. La prosperidad que tanto anhelamos todos sólo es factible si se reconocen plenamente los derechos de la Mujer. Necesitamos que los derechos que están en las leyes sean trasladados a la realidad.

Este día agradezco infinitamente a todas las mujeres que me han ayudado, algunas, y son bastantes, por muchos años.

Ms informacin en esta seccin

Comentarios sobre esta nota

Comenta esta nota